Gustavo Grabia dejó su sello en Rafaela

PDP Rafaela 23 de octubre de 2016 Por Lisandro Mársico
Cuando algunos dicen que la violencia en el fútbol es reflejo de lo que pasa en el país, él dice que hay una parte de verdad y una parte de mentira absoluta. Hay una violencia específica del fútbol, especialmente vinculada al fútbol, que se genera en torno al fútbol como espectáculo y al fútbol como negocio.
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La definición se escuchó anoche y pertenece al periodista Gustavo Grabia, el mayor estudioso del fenómeno de las barras bravas y la violencia en el fútbol que existe en el país, con amplia trayectoria en distintos medios nacionales, en especial en el diario deportivo Olé y el grupo Clarín. Invitado por el Partido Demócrata Progresista, Grabia ofreció una disertación anoche con un título de verdad explícita: "Violencia brava".  

Así lo reflejó Diario Castellanos.

El numeroso público que colmó el Salón Celeste -incluidos funcionarios municipales y dirigentes de Atlético- siguió entre estupefacto y pasmado la disertación de Grabia. No porque resulten nuevas las revelaciones, sino porque escuchadas en boca de alguien que maneja el tema con tanta solvencia, enumeradas sin solución de continuidad y descriptas con la contundencia del estilo periodístico de Grabia, resultaron más impactantes de lo que de por sí resultan a través de la lectura fría de los acontecimientos. Para Grabia, la historia de la violencia organizada en el fútbol registra un hecho fundacional en la llegada de Alberto J. Armando a la presidencia de Boca. Él reprodujo el modelo de las unidades básicas peronistas por su experiencia en el justicialismo, donde tenía estructuras que pudieran responderle a él. Encontró en Enrique Ocampo, conocido como Quique el Carnicero, y su grupo, a un apoyo que le fue dando beneficios, para condicionar a la oposición política que tenía en Boca. Eso se produjo a fines de los '60 y es el germen de lo que hoy vemos en otra escala y dimensión".


Para Grabia, la "evolución" de la violencia tuvo otro paso clave a mediados de los '90. "Hasta ese momento había un negocio a medias. Se mantenía el tipo de violencia establecida para definir quién era el capo de la zona. Se enfrentaban barras de distintos clubes, por la supremacía. Había violencia, había muertos, pero el hincha común sabia por donde escaparse. La gran mayoría de las víctimas eran integrantes de las mismas barras. Ya había vasos comunicante con los partidos, los sindicatos, pero lo que ocurrió después fue otra cosa y nació la violencia intra-barra. En los últimos quince años, la gran mayoría de las víctimas son barras asesinados por otros barras de su mismo equipo".

Autor del más completo libro sobre la historia de la barra brava de Boca, Grabia comparó el caso de dos jefes emblemáticos de La Doce: José Barritta, en los 80, "tenía un almacén y un Fiat 128. Vivía de la violencia en el fútbol, pero era un hombre de condición media-baja. Rafael Di Zeo, en cambio, es un empresario de la violencia. Tiene una casa en un country con pileta olímpica y cancha de fútbol once. Mauro Martín tiene seis propiedades, un yate de 500 mil dólares".

Para Grabia, "hoy en día los jefes de las barras son empresarios de la violencia en el fútbol, manejan mucho dinero y con ese dinero compran voluntades no en las canchas, sino en los barrios, en las villas, y usan a sus soldaditos: los últimos hechos más resonantes de violencia política o sindical tienen como mano de obra a los soldaditos de las barras. Y está la vinculación con el narcotráfico, por supuesto", recordó.

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